Saboreando sabores de nuestra tierra… saboreando saberes en el patio de la Escuela

Aquí les compartimos el texto que leyeron las profes Verónica y Emiliana:

Saboreando sabores de nuestra tierra… saboreando saberes en el patio de la Escuela

Cuando me convidó a probar la torta de algarroba, no sabía que me estaba invitando a compartir un mundo de saberes ancestrales que hacen lazo en un territorio, en sus árboles, sus plantas, la corteza y las semillas, abrigando la continuidad de la existencia natural. Palabra que tiembla cuando socialmente se produce.
Y las preguntas arremolinaron, recuerdos de infancias y de escuela… ¡qué sabores nuevos estaban conectándome con otros! una grieta cultural que estaba haciendo puente con otros modos de relación con la tierra, con la producción, con la alimentación, con la salud, que un imaginario occidental en la base de una formación hegemónica escolar y de un modo capitalista de producción quedaron silenciados por un momento.
Mientras caminaba por el patio de la Escuela Almafuerte, parte de un área natural protegida entrerriana, un espacio social rural que propone conservar los montes nativos, me detengo con el grupo en un algarrobo imponente, abrazado por una enredadera de flores muy vistosas, mburukuyá escuché que la llamaban. Alguien explica que así es nombrada por los guaraníes, en tanto que los jesuitas la denominaron pasionaria o flor de la pasión, al ver una semejanza entre los elementos de la flor y la pasión cristiana . “Esta flor se cierra como si se marchitara al ponerse el sol y se abre mostrando toda su belleza cuando amanece”, aporta un hombre del lugar, y continúa: “muy buena para calmar los nervios”.
Sigue el diálogo y me pierdo…o más bien me encuentro, en torno a mi niñez, cuando acompañaba a mi papá en algunas de sus tareas de apicultura en el monte, y sí, ¡allí estaba la pasionaria! Poblada de flores en primavera, entremezclada con sus frutos anaranjados en el verano, varias aves la visitaban, ¡si parecía que conversaban! que se contaban historias. Y así, despacito, sigo mi viaje de recuerdos y saboreo el dulce de mi abuela, ese manjar tan especial de mburucuyá. ¿Dónde estaban estos sabores de mi infancia? ¿Los preparados de la abuela, los saberes del abuelo? Mi papá algo me contó hace tiempo… Había un momento especial para cosechar la planta, en relación con la fase de la luna, y había que tener ciertos cuidados en las partes que utilizaba y en las cantidades decía la abuela, “cuidado mi´jita, siempre con cuidado y con respeto”.
De pronto, me invitan con una bebida caliente, un sabor extraño para mi paladar, un sabor nuevo, exótico diría, me cuentan que es café de algarroba y retorno al grupo, quiero saber sobre ese sabor. Escucho con atención que esta bebida se hace con los frutos del algarrobo, con aquellas especies que dan las chauchas más dulces, se tuestan y se muelen, y que el algarrobo no es una especie sino varias. Me maravillo de todas sus propiedades: “sin cafeína, energizante, con minerales, calcio, hierro, fósforo…”. Vuelvo al árbol, vuelvo a mirar a ese árbol milenario del patio de la escuela, de más de diez metros de altura, de copa globosa y redondeada, como una sombrilla gigante, ese algarrobo blanco tan generoso, alojando en sus ramas y recovecos a una diversidad de aves de la zona. Escucho que explican sobre su nombre, resulta que los españoles de la conquista lo llamaron así por su parecido a la especie mediterránea de ese nombre, Ceratonia siliqua, que significa “El Árbol” por antonomasia, y que curiosamente, los indígenas del noroeste argentino lo denominaron “Takku”, voz quechua que también designa a “El Árbol”.
Y así, entro en la historia, que me lleva a encontrarme con saberes ancestrales, a saborear saberes que me recuerdan de la relación íntima de los pueblos originarios de Argentina con los algarrobos, entendiendo el gran valor otorgado por los antiguos, en su categoría de divino por la cantidad de usos y aplicaciones: el follaje procura sombra, su fruto para comidas, dulces, bebidas, su madera: excelente abrigo y calor, su corteza para colorear tejidos, curtir y curar algunas afecciones del cuerpo . Y claro… ¡Ahora recuerdo más todavía! Si ese árbol era tan querido en mi familia, nos proveía de una miel exquisita, nutritiva y cargada de medicina.
Regreso al patio de la escuela, regreso con preguntas ¿Qué saberes circulan en un aula de escuela primaria, secundaria o del ámbito universitario al respecto? ¿Qué nos convoca a pensar el ambiente y las relaciones que sostenemos allí? ¿En qué prácticas nos reconocemos y nos configuramos identitariamente con este territorio? ¿Qué historias nos enlazan? ¿Qué significaciones y sentidos se conjugan al recorrer el patio de la escuela? ¿Qué pasa cuando ese patio escolar, cuando ese territorio de escuelas, se transforma en conocimiento que nos atraviesa, que nos encuentra en diálogos, en relatos de historias vividas? ¿Qué acontece cuando saboreamos sabores de nuestra tierra? ¿Qué sucede cuando nos conectamos en íntima relación con la tierra que caminamos? ¿Qué historias tienen/tenemos para compartir?
Comiendo la torta de algarroba conocí la harina de algarroba y miré de nuevo ese árbol inmenso que habíamos dibujado con tanto detalle en una escuela rural, al que una niña abrazó sin poder darle una vuelta al tronco, me encontré en ese patio de escuela y en la posibilidad de generar espacios de estudio, de transmisión cultural, de conocimientos sociales que habiliten relaciones identitarias y otros horizontes para la humanidad planetaria.

Verónica Fernández y Emiliana Götte

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Convocatoria LOGO de la CASA!

Convocatoria para la creación del logo de la Cátedra Abierta de Soberanía Alimentaria (CASA)
La propuesta tiene como objetivo la elección de un logo para la Cátedra Abierta de Soberanía Alimentaria. La convocatoria es abierta a todo público. Los diseños se deben presentar mediante formato digital, y deberán responder a cierta fundamentación conceptual que enmarca los principios que se desean promover desde el espacio de dicha cátedra.
Se participa enviando el diseño/ dibujo realizado escaneado al correo electrónico somoscasaparana@gmail.com
La convocatoria dio inicio el pasado jueves 20 de abril y finaliza el día miércoles 17 de mayo.
Los diseños de los participantes se presentarán en el encuentro a realizarse el 18 de mayo. El ganador será elegido ese mismo día por los asistentes a dicho encuentro.
El premio para el ganador consta de una canasta de productos agroecológicos.

FUNDAMENTACIÓN CONCEPTUAL

La fundamentación conceptual del diseño/dibujo está orientada a plasmar la reivindicación de una serie de luchas que vienen llevando los pueblos en distintos ámbitos y esferas de la vida:
– La producción de alimentos sanos y culturalmente adecuados.
– Orientar la producción de alimentos a modos de producción sustentables y sostenibles, en equilibrio con el ambiente y priorizando la biodiversidad del mismo, así como la salud humana. Es decir tender a la producción libre de OGM (transgénicos), pesticidas, herbicidas, fungicidas y cualquier otro biocida; disminuir el avance de la producción extensiva de monocultivos, feedlots, etc.
– La autosuficiencia de los productores (con respecto a corporaciones y monopolios de la agroindustria y del sistema agroalimentario en general), principalmente los pequeños (agricultura familiar, campesina e indígena), respetando sus tradiciones ancestrales y asegurando su preservación a la posteridad.
-La igualdad y equidad en el acceso a los alimentos al conjunto de la comunidad, mediante un comercio en base a precios justos tanto para el productor como para el consumidor.
– Asegurar el autoabastecimiento y la autogestión de la producción, distribución y comercialización de los alimentos, para evitar la dependencia de las importaciones y la influencia de productos importados sobre los precios de productos nacionales/regionales.

Quedan todos invitados a participar!!

Soberanía Alimentaria

La alimentación constituye un elemento central en el desarrollo de la vida, y está directamente relacionada con la salud. Se habla de dietas, se habla de calorías y alimentos más o menos saludables, se habla de los nutrientes y de una adecuada combinación de alimentos, sin embargo gran parte de las características de los mismos (sanidad, inocuidad, y calidad en general)  están dados en la instancia de producción.

La primera pregunta que nos surge es ¿Sabemos QUE comemos? ¿Tenemos real conocimiento de que procesos sufren los alimentos que consumimos?. Estas preguntas forman parte de un extendido debate en torno a la alimentación, y surgen como un puntapié inicial para hablar sobre la soberanía alimentaria, qué alimentos comemos, cómo se producen, quienes y para qué lo producen.

La cuestión de la ‘soberanía alimentaria’ de los pueblos se presenta como un debate ampliamente extendido a lo largo de las últimas décadas en todo el mundo. Se puede considerar que se trata de la autogestión de las comunidades sobre la administración de los alimentos, asegurando la previsión y la sanidad de los mismos, mediante modos de producción y comercialización beneficiosos para el conjunto de la sociedad.  Según  el Foro Social Mundial “la soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo”. (Foro Social Mundial, 2007)

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